Mamá, permítete

mami

Mamá, permítete llorar, reir, sentir, gritar

Mamá, permítete caer, levantarte y volver a caer

Mamá, permítete callar bocas, dar tu opinión y criar a tu antojo

Mamá, permítete ser la mamá que eres, ni más ni menos

Mamá, permítete SER….. MUJER

¿Cuantas veces has escuchado? Esto se hace así, prueba a darle tal cosa, eso es que tiene esto otro, etc. Yo ya estoy aburrida.

Desde que se conoce la existencia del ser humano, las mujeres han tenido la capacidad de crear vida en su interior (si todo está bien y sano), de dar a luz y de criar a sus pequeños, siguiendo su propio instinto y con apoyo de la tribu femenina. Cada una de ellas, así como pasa en los animales, sabía en todo momento qué hacer con su propia cría.

¿Qué nos está pasando en la sociedad “moderna”? De repente es que ¿no sabemos nada?

Tras observar mucho a mi alrededor y tras mi propia experiencia en la maternidad, me he dado cuenta de que lo que nos pasa es que hemos perdido esa conexión con nosotras mismas. Sucede en todos los ámbitos, pero quizá en este tema tan primitivo y natural se hace más notable esa desconexión.

A los pocos meses de quedarme embarazada comencé a notar una conexión más fuerte con mis raices, con mi energía femenina, con Madre Tierra. El ser consciente de ello y el aprender a potenciar esa conexión me permitió confiar en mi instinto, más que en cualquier otra persona o profesional. Eso otro, está bien para tener más información pero hay que filtrar, y mucho, porque cada madre, cada cría es diferente; somos seres únicos, y como tales, merecemos tratos y cuidados diferentes.

Cuando te conviertes en madre, tengas la edad que tengas, se genera una dicotomía curiosa. Por un lado te sientes desbordada por la cantidad de miedos e inseguridades que antes no estaban ahí y que considero que deben estar para la supervivencia de tu cría, sin que su existencia te lleve a una paralización y un no saber qué hacer. Y por otro lado, tienes una fortaleza y una energía que desconocías que tenías. Son dos partes de tí que quizá al principio te hagan sentir un poco descolocada pero cuando las entiendes y aceptas como parte de tu proceso, una puede ayudar a la otra en esta ardua tarea de la maternidad.

¿Para qué escribo este post? Para que llegue a aquellas mujeres que en algún momento se sienten incomprendidas, solas, perdidas, sin saber cómo actuar. Decirles que todas las respuestas las tienen ellas, que no las busquen fuera. Que aprendan a conectar con esa “Mujer Salvaje” a la que hace referencia Clarissa Pinkola Estés en su libro “Mujeres que corren con los lobos”, que representa la esencia femenina instintiva. Dentro de toda mujer alienta una vida secreta, una fuerza poderosa llena de buenos instintos, creatividad apasionada y sabiduria eterna.

Y sobre todo, para decirles que, se permitan llorar, reir, sentir, gritar, caer, levantarse y volver a caer, callar bocas, dar su opinión y criar a su antojo, ser la mamá que es, ni más ni menos.

En definitiva…. que se permitan SER….. MUJER.

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